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La crianza según mi abuela

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Hace unos meses esta mujer que es una gran fuente de admiración e inspiración para mí cumplió 88 años, y bien cumplidos. Aunque haya tenido una vida dura, nunca pierde la sonrisa y es incansable cuando se trata de jugar con sus bisniet@s. Quiero aprovechar para hacerle un homenaje desde aquí recogiendo lo que fue la crianza para ella en su tiempo, algo que me hace darme cuenta de lo que nos complicamos a veces las cosas, con lo sencillas que pueden ser.

 

EL EMBARAZO Y EL PARTO:

Pues yo normalmente estaba todo el día trabajando, y ni siquiera embarazada no podía permitirme el lujo de parar, así que yo seguía y seguía a medida que avanzaba el embarazo de tal manera que hasta el día que paría me lo tiraba trabajando como siempre. Cuando me daban los dolores, venía  una mujer del barrio que se dedicaba a eso y había visto nacer ya a muchos niños y estaba conmigo hasta que yo diera a luz.

Cuando parí a mi hijo Pepe, por ejemplo, había ido yo por la mañana a lavar la ropa al río, luego hice el almuerzo, me puse de parto, parí y me levanté a hacer la cena.

Las vecinas se encontraron con mi marido y le preguntaron que qué tal estaba yo:

-Pues ahí anda, haciendo la cena.

-¿Y qué tal la barriga?

-¡Qué barriga ni qué ná! Si parió esta tarde…

-Pero…. ¿cómo va a ser eso si la vimos esta mañana lavando ropa en el río?

 

LA LACTANCIA:

Yo he amamantado a mis siete hijos más o menos un año (algunos 15 meses) cada uno, a algunos un poco más, a otros un poco menos.

Casi todas las mujeres daban el pecho, excepto algunas pocas que tenían dinero y no querían y preferían comprar la leche en lata en Gibraltar, y muy de vez en cuando también había alguna que decían que no tenía leche o que la tenía mala y echaban mano de alguna que les diera el pecho a sus niños. Yo por ejemplo, además de darles el pecho a mis hijos, he amamantado a otros dos niños un tiempo largo y alguna vez suelta a muchos más. Aún por Algeciras, me para uno de los niños a los que amamanté (que ahora es un hombre) y me dice con lágrimas en los ojos que gracias a mí está vivo.

 

LA ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA:
Yo me sentaba a comer con el niño más chico en el faldón, y cuando ya veía que más o menos se mantenía sentado le daba a probar una cucharadita de lo que yo estuviera comiendo, para que fuera haciendo paladar. Y así, poco a poco, iba comiendo cositas, hasta que comía de todo.

 

EL COLECHO:

Yo he criado a todos mis hijos en mi cama, nada de cuna.

Yo dormía con mi marido, mi segundo hijo a la teta y el mayor a los pies de la cama de matrimonio. Cuando nació el tercero, compramos una cama de cuerpo y medio y la pusimos en la misma habitación, y mi hijo mayor se fue a dormir allí, el segundo a los pies de mi cama y el chico a la teta, claro. Cuando nació el cuarto, se corrieron todos un lugar y el segundo fue a dormir con el mayor, y así íbamos. Luego compramos una casa más grande y ya los mayores tuvieron su habitación y las niñas otra, pero al principio era así.

 

LA CONTRACEPCIÓN:
Pues mis hijos se llevan entre ellos más o menos dos años, lo que yo tardaba en destetar más el embarazo. Es que dando teta no me venía la regla.

 

LA INMUNIDAD:

En mi casa siempre hubo animales: gallinas, cabras, vacas, caballos, burros, alguna galga… Y mis hijos pues gateaban y caminaban por ahí y casi siempre tuvieron buena salud.

Los niños del barrio venían a casa porque yo tenía una burra que daba mucha leche y tomando 10 días seguidos leche de burra en ayunas se curaban de la tos ferina.

Abuela… ¡Te quiero!