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Acerca de deluteroatusbrazos

Soy Mely, mamá de Dafne e Indira. He comprobado por mí misma que el cuerpo de una mujer tiene el poder y la sabiduría para parir por sí misma. Este blog nace con el deseo de apoyar el embarazo consciente, la lactancia materna y la crianza en brazos con portabebés o sin ellos. Me gustaría que algún día todas las mujeres dijéramos que hemos tenido el parto que queríamos tener, es por ello que mi intención es informar y apoyar desde el rigor científico, el calor humano y el respeto. Espero que os guste este blog y aportar con él mi granito de arena para una sociedad menos violente desde un nacimiento más tranquilo y pacífico.

Oda al presente

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Mis piernas. Cuánto tiempo he pasado reconciliándome con ellas. Cuánto las he odiado. Por ser cortas, por ser gordas, por estar torcidas, por parecer de futbolista, por tener celulitis, por tener varices (a pesar de mi machaque deportivo, la genética es la genética).

Todas esas cosas tan feas le decía yo a mis piernas, y por extensión a mí.

Hubo un tiempo en que pensé en taparlas. No llevar minifalda ni shorts. Al igual que pensé que el día que se me cayeran las tetas, dejaría de hacer topless. Ojos que no ven… ya se sabe…

Estamos acostumbradas a que el ojo propio y el ajeno sólo vea lo terso, lo joven, lo firme, lo inmaculado.

Por eso escribo esta oda al presente, para mí y para mis hijas, para las mujeres, para el mundo, para el amor de lo que se es y de lo que se tiene ahora, honrando lo pasado.

Agradezco a mis piernas su existencia, su fortaleza, su decisión, su capacidad de huida si hace falta (piernas para qué os quiero).

Y quien dice piernas, dice canas, arrugas, ojeras, cicatrices, dice muestras de haber vivido y de estar viva ahora.

Seguiré haciendo topless y llevando minifalda y shorts hasta que me apetezca. Luciendo varices como quien luce tatuajes policromados. Como una muestra de amor a mí misma. Como mi particular oda al presente.

piernas

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Jornada Nacer en Casa

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Recientemente tuve la ocasión de asistir a la Jornada Microbioma y Nacimiento de la Asociación Nacer en Casa, asociación a la que pertenezco y con la que he realizado otras actividades formativas. El subtítulo de esta jornada era “Protegiendo la gestación, el parto y la crianza”.

Jornada NEC

Y es que nuestro entorno microbiótico juega un papel crucial en nuestra vida, especialmente cuando ésta se está creando. En ese sentido, el parto en casa continúa perfilándose como el entorno más adecuado desde el aspecto del microbioma (además de desde otros aspectos).

En la Jornada, que tuvo lugar en Jarandilla de la Vera, en Cáceres, en un fin de semana en el que much@s de l@s asistentes compartimos la Residencia V Centenario con los ponentes, se habló de lo importante que era favorecer un entorno rico en estímulos microbióticamente deseables durante el embarazo y el parto.

La jornada comenzó con Roser Gallardo, presidenta de la asociación, que nos realizó una breve introducción sobre la jornada. Pero da igual lo breves que sean las intervenciones de esta matrona, el espíritu de lucha y cambio junto con la vitalidad de su discurso, son más que suficientes para enganchar a cualquier público, aunque sean las 9 de la mañana y haga un frío que pela en el auditorio de la residencia.

Seguidamente, Máximo Sandin, Doctor en Ciencias Biológicas y Bioantropología, nos invitó a reevaluar nuestra “Teoría de la Evolución”, así como a tener una nueva mirada sobre los microorganismos “malos” y “buenos”.

“Los virus no son patógenos por definición. Existen virus que eliminan bacterias presentes en nuestras mucosas y que no deberían estar ahí. Los virus modifican a las bacterias y las bacterias modifican a los genes” (Esto tiene todo el sentido, teniendo en cuenta que en el cuerpo humano  hay 10 veces más bacterias que células).

Como colofón, Toni Brito, ginecólogo del hospital de Fuerteventura, desmonta la idea del cuerpo humano como “Fortaleza sitiada”, como algo estéril, aséptico, que hay que proteger de “malvados” virus y bacterias, cuestionando no solo la necesidad, sino la inocuidad de antibióticos y suplementos en el embarazo y parto.

Nota: por motivos de vital importancia no pudimos disfrutar de la ponencia de Belén Igual.

Pero… sin duda, el programa de la Jornada en sí no fue todo lo que me llevé a casa…

Esta asociación de matronas fuertes (matronas amazonas, diría yo, y lo digo así en genérico femenino por ser la mayoría mujeres y porque estoy segura que los hombres asociados se sentirán incluidos), tiene alma, tiene CORAZÓN, porque la calidez y calidad humana no está reñida con la calidad profesional y científica, al contrario, y ellas son una muestra viva de ello, celebrando este año su 30º aniversario.

Así que aparte de las interesantísimas ponencias me llevo: la generosidad sin límites de Anabel Carabantes, la energía positiva desbordante de Cristina Triviño, la dulzura infinita de Pepi Domínguez Cano, la escucha paciente y sabia de Montse Catalán

En fin, todos los regalos en forma de asesoramiento, cariño, confianza y ánimos que me ha dado (y está dando) la Asociación Nacer en Casa…

Te invito a visitar su página web, a asociarte, a informarte, a formarte con ellas, a asistir a sus próximas Jornadas, a darle me gusta en su página de Facebook, a seguirlas en Instagram o Twitter… porque definitivamente esta asociación es un regalo en forma de legado: el de Consuelo Ruiz

Tecnomatrona

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Resulta horrible descubrir que una es capaz de hacer cosas horribles al amparo de evitar algo más horrible aún.

¿Cómo aspirar a ser comadroula en un hospital de tercer nivel, que practica medicina defensiva donde pasas más tiempo en contacto con las teclas del ordenador que con la propia mujer?

Es duro y arduo trabajo conciliar esto, apaciguar las propias contradicciones, aferrarte al clavo ardiendo del “tengo que estar aquí y ahora”, recordar tu kilómetro cero, tu punto de partida como madre que quería parir en casa.

Pero ahora no eres madre, y aunque seas madre siempre aquí ejerces de matrona, y tienes que ponerte la piel de tecnomatrona y mantener tu corazón de comadroula.

A veces se te oprime el diafragma, se te constriñe la respiración, y necesitas invocar al universo, revesirte de un manto luminoso para seguir iluminando la oscuridad, priorizar hacer algo menos malo o menos invasivo, aunque no te parezca bien, tomar aire, volver a resurgir… Vomitar flores, recordar quien eres, recordar una y otra vez que tú quieres estar aquí, aunque sea duro… la recompensa siempre siempre es más grande que el dolor… Y seguir aprendiendo siempre… Y decir siempre gracias a las verdaderas Maestras de la Vida, mientras sigues vomitando flores, a pesar de todo…

Fecundidad

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Fecundidad

Del lat. fecundĭtas, -ātis.

1. f. Virtud y facultad de producir.

2. f. Cualidad de fecundo.

3. f. Abundancia, fertilidad.

4. f. Reproducción numerosa y dilatada.

 

Esta entrada es para ti, hombre o mujer, madre o no. Seas quien seas y la opción que elijas, eres fuente de vida, vida en el sentido de creación, en el sentido prolífico, da igual en lo que lo materialices.

La fecundidad reside en algún lugar en tu pelvis, enraizada ahí, entrañas abajo. Allí, junto a los pilares de tus caderas, la Madre Nutricia plantó una semilla con la capacidad de proliferar, semilla de la que eres dueñ@ solo tú mism@, en ti está darle la forma elegida. Pues si bien no todas las personas son madres, sí que todas tenemos una madre y de ese poder creativo venimos, de ahí nacimos.

Ese poder se materializa en ti cuando moldeas una escultura, cuando sacas una fotografía, cuando coses una puntada, cuando remueves un cazo, cuando mojas un pincel, cuando escribes un verso, cuando realizas una asana, cuando creas un personaje, cuando interpretas una canción, cuando haces un doble o triple mortal, cuando atiendes un parto y hasta en las cosas cotidianas, cuando acaricias a alguien, cuando haces el amor o cuando preparas un bocadillo.

Es como recibir y dar el testigo, es la llama que debemos mantener vida, el relevo de cientos de años. Lo otro sería la oscuridad, la desidia, la pereza, la desgana, el odio, el morir.

Poniendo amor en todo lo que haces estás contribuyendo a perpetuar la fecundidad que hay en ti, una fecundidad de la cual están impregnada tus genes y que reconoces inmediata e instintivamente en cuanto la sientes.

Luego ya, si quieres, eliges ser madre o padre.

Pero no te olvides de tu poder de fecundidad. Esa es la energía incombustible del amor, la llama que mantendrá al mundo vivo y luminoso.

pelvis florida

Dedicado a mis compañer@s de Arte Dramático y de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos.

Carta de presentación

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Me llamo Mely y me gusta presentarme como madre informada porque así es como me siento, como una mujer como cualquier otra que cuando llegó a la aventura de ser madre quiso saber más, cada vez más, hasta que decidió hacerse matrona. Acabo de empezar mi carrera profesional como matrona (o comadrona) en mayo de 2017.
Antes de ser madre yo era actriz de teatro. Estudié arte dramático y me dediqué a ello durante 13 años de mi vida. El trabajo con el cuerpo (con mi cuerpo) era mi pasión, y es que yo cuando me meto en algo no me conformo con quedarme en la superficie, me zambullo hasta las trancas, dándome hasta el final.
Y así fue con la maternidad. Siempre quise ser madre pero cuando quise materializar mis deseos genésicos empecé a hablar con mujeres de mi generación que ya habían sido madres. Las amigas de “toda la vida” habían dado a luz en el hospital, las vi ojerosas y lo que contaban se asemejaba más a una historia de terror que de júbilo. Pero algunas de las amigas “faranduleras”, las del teatro, me contaron sus historias de parto en casa y vi que no tenían NADA QUE VER con las historias de terror de mis otras amigas. Su aspecto también distaba mucho de las caras ojerosas: estaban pletóricas, dueñas de su momento, conscientes, despiertas. Al igual que yo, eran mujeres muy conectadas con su cuerpo y en continua comunicación y revisión de sí mismas.
Al mismo tiempo llegó a mí el libro de Casilda Rodrigáñez “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”. Toma ya el título del libro. Y toma ya aún más la revolución que supuso en mi vida. Andaba yo ya por los veintimuchos, cerca de los 30, tenía una pareja que NO quería ser padre, aunque YO SÍ quería ser madre, de hecho ejercía de SU madre. Ni que decir tiene que llegó la ruptura, la caída de venda de los ojos, el despertar a la mujer que soy ahora.
Así que cuando conocí a mi pareja actual con 32 años le dije (la primera noche) que ante todo quería ser madre (para que le diera tiempo a huir). Pero allí se quedó, y eso que encima le dije que quería tener a mis hij@s en casa.
Ahí me adentré aún más en la espiral de esta odisea, con un embarazo fantástico y un primer parto en casa empoderante. Y empecé a leer, y a leer y a leer, nunca tenía suficiente, cambié paulatinamente mis páginas de favoritos de internet de compañías de teatro, cursos de expresion corporal y castings por páginas hechas por madres empoderadas, blogs de matronas innovadoras y congresos de salud perinatal. Fue un cambio suave y lógico, una evolución natural en la que me dejé llevar por mi pasión… Dejé de ir a castings y empecé a formarme, primero como asesora de lactancia, luego como doula, pero todo se me quedaba corto… Siempre digo que sentí algo parecido a una llamada religiosa… Yo quería estar ahí, al lado de las mujeres, poder atenderlas como mis matronas me habían atendido a mí, desde la humildad, la oscuridad, desde la no-presencia y la esencia de la sabiduría ancestral femenina dentro de cada una de nosotras…
Y así fue como una mujer de 34 años que había estudiado letras, que no había dado química ni biología desde 2º de BUP, con una niña de 1 año y poco y embarazada de otra, se lió la manta a la cabeza y empezó a estudiar enfermería… Todo ello gracias a la infinita e incondicional ayuda de mi familia, pero especialmente de mi madre, que no me dejaba ni quitar el plato de la mesa para que pudiera aprovechar más rato estudiando, mientras ella se quedaba jugando con mi hija “mayor” y mi hija recién nacida (que a todo esto, acababa de nacer en un segundo parto en casa exprés de poco más de una hora). Solo me la llevaba para darle teta y si no podía dormirla, así que ella creció escuchándome decir en voz alta lecciones de fisiopatología, mientras le daba el pecho o la columpiaba en el fular.
Cuando empecé la carrera vi una montaña gigantesca ante mí, a ratos me faltaba el aire, pero como me dijo una de mis matronas de parto en casa: “Cuando amas lo que haces, los años se te hacen cortos, y en menos de lo que piensas, ya has alcanzado tu propósito”. Aprobé cada curso completo de enfermería, año por año, sin dejar ninguna para septiembre y currándome las matrículas de honor que podía para tener gratis esos créditos al año siguiente, la economía familiar no daba para mucho… Después me planteé darle una intentona al EIR sin agobiarme porque tenía claro que si no aprobaba a la primera, nos íbamos toda la familia a Inglaterra. Estudié  durante 4 meses mientras daba clases de pilates a tiempo parcial para contribuir algo a mantener a mi familia. Recuerdo llevar a las niñas al cole y meterme en la biblioteca, estudiando 8 horas los 2 primeros meses, 10 el tercero y 12 el cuarto. Y aprobé a la primera.
Tras una residencia tortuosa y muy difícil de resistir, respiré hondo, miré hacia atrás y vi esa montaña ya a mis espaldas, la montaña que YO había escalado y pensé : “Lo conseguí, conseguí mi sueño”.
Me hice matrona para atender partos en casa, es mi vocación, siempre digo que para mí atender partos en casa es una CAUSA. Actualmente estoy comenzando mi andadura como comadrona independiente acompañando en casa, combinándolo con la sanidad pública para luchar por el cambio desde dentro y la individualización de los cuidados de las mujeres. Aún estoy en proceso de des-aprendizaje de la residencia y de-construyendo la comadrona que quiero ser. Como siempre sigo actualizándome y formándome lo máximo posible, pero sin duda de quien más aprendo es de las mujeres; ellas son la mayor fuente de sabiduría de esta profesión que ha sido una vocación inesperada en mi vida, pero que siento como el más bello trabajo que hubiera podido imaginar.

carta presentación

La matrona que llevas dentro

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A veces siento como si tu voz saliera desde dentro de mí. O como si leyeras mis pensamientos.

Entreabro los ojos en un descanso entre esas ráfagas de fuerza que recorren mi útero y ahí sigues tú, agachada en un rincón, apenas visible en la oscuridad, me miras, sonríes y asientes. “¿Todo bien?”, te digo en una exhalación. “Todo perfecto”, me respondes sonriendo en un susurro. El diálogo se repite unas cuantas veces a lo largo del proceso. Rememorándolo luego, no recordaré si era yo quien me contestaba a mí misma, si ese diálogo estuvo en mi mente o si fue real.

Sabes qué decirme en cada momento, y en qué tono de voz, sabes qué  necesito.

Aunque tú me recuerdas  que la fuerza y el poder son míos, yo sé que emanan de algo más grande, de una sabiduría universal ancestral femenina. El milagro de la vida se ha materializado en mí y me ha elegido como instrumento. Por eso me siento poderosa pero flexible a la vez, me siento actriz y espectadora al mismo tiempo.

Es algo tan maravilloso como inexplicable.

Igual que nadie enseñó a la primera madre a ser madre, nadie enseñó a la primera matrona a ser matrona. Si acaso, fue esa primera  madre con su propio instinto quien enseñó a la primera matrona. Y de ahí salieron los manuales, de nosotras, las mujeres pariendo, y no al revés.

Mi mente vuela y se conecta con ese algo más grande que yo, pero la fuerza del proceso me ancla a la tierra, pone cuerpo a todos estos sentimientos y los transforma en sensaciones: en la cadencia de los movimientos de mi pelvis, en la armonía de los sonidos de mi voz… qué intensidad, qué regalo…

De repente mis ojos se abren más, mi boca también, al igual que todo mi cuerpo. Nunca me he sentido tan abierta, tan canal de energía desbordante. Tu mirada se cruza con la mía y en ese instante nuestras mentes son una. Una que sabe lo que va a pasar, que sabe que todo está bien, que no necesita comprobar, mirar, hablar ni tocar; simplemente acompaña.

Porque ser matrona no se estudia en ningún libro, no viene con ningún título, una no “se hace” matrona, solo se ES matrona de verdad desde la generosidad y el corazón.

Y el milagro culmina.matrona dentro

“Lo que buscas, también te está buscando”

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Esta frase ilumina mi primer día como comadrona.

Porque ayer era residente y hoy matrona. Porque además quiero ser comadrona.

Atrás quedan las frases como “Bueno, soñar es gratis”, “Aprobar el EIR es muy difícil, tú no sabes lo que estás diciendo”, “Has tenido mucha suerte” y similares.

Es cierto que lo primero es soñarlo, pero no basta con eso, hay que currárselo, aunque con ello tengas que arrastrar a una familia que incluye bebés por miles de viajes. Aunque tengas la sensación de pasar tu vida en un barco o en un avión, te asalte la culpabilidad porque tus hijas pasen por tres colegios y te estreses mogollón con ocho (sí, ocho) mudanzas.

familia del mundo

Todo merece la pena por un sueño, y si ese sueño es una vocación, aún más.

Siempre dije que siento la vocación para ser comadrona como otras personas sienten una llamada religiosa. Devolver la fisiología a la atención de los partos, o lo que es lo mismo, devolver el amor al entorno del nacimiento, es para mí una causa.

Así que puedo decir con gran orgullo que lo conseguí, que ya tengo un título que me avala legalmente para acompañar a las mujeres desde donde las quiero acompañar, desde donde se merecen, y que este es solo el primer adoquín dorado para el camino amoroso por el que quiero seguir trabajando.

Por eso me niego a decir que lo mío es suerte, es curro, o como me dice un amigo, nada es gratuito, hay que ser una “trabajadora de sueños”, o como me dice una amiga una “materaializadora de deseos”.

Y mientras una trabaja, confluye la sinergia de energías universales similares, y resulta que “lo que estás buscando, te está buscando a ti”.

Como diría Hannibal Smith de “El Equipo A”: “I love it when a plan comes together”

O como solía escucharlo en mi infancia: “Me encanta que los planes salgan bien”