Archivos Mensuales: noviembre 2017

Carta de presentación

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Me llamo Mely y me gusta presentarme como madre informada porque así es como me siento, como una mujer como cualquier otra que cuando llegó a la aventura de ser madre quiso saber más, cada vez más, hasta que decidió hacerse matrona. Acabo de empezar mi carrera profesional como matrona (o comadrona) en mayo de 2017.
Antes de ser madre yo era actriz de teatro. Estudié arte dramático y me dediqué a ello durante 13 años de mi vida. El trabajo con el cuerpo (con mi cuerpo) era mi pasión, y es que yo cuando me meto en algo no me conformo con quedarme en la superficie, me zambullo hasta las trancas, dándome hasta el final.
Y así fue con la maternidad. Siempre quise ser madre pero cuando quise materializar mis deseos genésicos empecé a hablar con mujeres de mi generación que ya habían sido madres. Las amigas de “toda la vida” habían dado a luz en el hospital, las vi ojerosas y lo que contaban se asemejaba más a una historia de terror que de júbilo. Pero algunas de las amigas “faranduleras”, las del teatro, me contaron sus historias de parto en casa y vi que no tenían NADA QUE VER con las historias de terror de mis otras amigas. Su aspecto también distaba mucho de las caras ojerosas: estaban pletóricas, dueñas de su momento, conscientes, despiertas. Al igual que yo, eran mujeres muy conectadas con su cuerpo y en continua comunicación y revisión de sí mismas.
Al mismo tiempo llegó a mí el libro de Casilda Rodrigáñez “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”. Toma ya el título del libro. Y toma ya aún más la revolución que supuso en mi vida. Andaba yo ya por los veintimuchos, cerca de los 30, tenía una pareja que NO quería ser padre, aunque YO SÍ quería ser madre, de hecho ejercía de SU madre. Ni que decir tiene que llegó la ruptura, la caída de venda de los ojos, el despertar a la mujer que soy ahora.
Así que cuando conocí a mi pareja actual con 32 años le dije (la primera noche) que ante todo quería ser madre (para que le diera tiempo a huir). Pero allí se quedó, y eso que encima le dije que quería tener a mis hij@s en casa.
Ahí me adentré aún más en la espiral de esta odisea, con un embarazo fantástico y un primer parto en casa empoderante. Y empecé a leer, y a leer y a leer, nunca tenía suficiente, cambié paulatinamente mis páginas de favoritos de internet de compañías de teatro, cursos de expresion corporal y castings por páginas hechas por madres empoderadas, blogs de matronas innovadoras y congresos de salud perinatal. Fue un cambio suave y lógico, una evolución natural en la que me dejé llevar por mi pasión… Dejé de ir a castings y empecé a formarme, primero como asesora de lactancia, luego como doula, pero todo se me quedaba corto… Siempre digo que sentí algo parecido a una llamada religiosa… Yo quería estar ahí, al lado de las mujeres, poder atenderlas como mis matronas me habían atendido a mí, desde la humildad, la oscuridad, desde la no-presencia y la esencia de la sabiduría ancestral femenina dentro de cada una de nosotras…
Y así fue como una mujer de 34 años que había estudiado letras, que no había dado química ni biología desde 2º de BUP, con una niña de 1 año y poco y embarazada de otra, se lió la manta a la cabeza y empezó a estudiar enfermería… Todo ello gracias a la infinita e incondicional ayuda de mi familia, pero especialmente de mi madre, que no me dejaba ni quitar el plato de la mesa para que pudiera aprovechar más rato estudiando, mientras ella se quedaba jugando con mi hija “mayor” y mi hija recién nacida (que a todo esto, acababa de nacer en un segundo parto en casa exprés de poco más de una hora). Solo me la llevaba para darle teta y si no podía dormirla, así que ella creció escuchándome decir en voz alta lecciones de fisiopatología, mientras le daba el pecho o la columpiaba en el fular.
Cuando empecé la carrera vi una montaña gigantesca ante mí, a ratos me faltaba el aire, pero como me dijo una de mis matronas de parto en casa: “Cuando amas lo que haces, los años se te hacen cortos, y en menos de lo que piensas, ya has alcanzado tu propósito”. Aprobé cada curso completo de enfermería, año por año, sin dejar ninguna para septiembre y currándome las matrículas de honor que podía para tener gratis esos créditos al año siguiente, la economía familiar no daba para mucho… Después me planteé darle una intentona al EIR sin agobiarme porque tenía claro que si no aprobaba a la primera, nos íbamos toda la familia a Inglaterra. Estudié  durante 4 meses mientras daba clases de pilates a tiempo parcial para contribuir algo a mantener a mi familia. Recuerdo llevar a las niñas al cole y meterme en la biblioteca, estudiando 8 horas los 2 primeros meses, 10 el tercero y 12 el cuarto. Y aprobé a la primera.
Tras una residencia tortuosa y muy difícil de resistir, respiré hondo, miré hacia atrás y vi esa montaña ya a mis espaldas, la montaña que YO había escalado y pensé : “Lo conseguí, conseguí mi sueño”.
Me hice matrona para atender partos en casa, es mi vocación, siempre digo que para mí atender partos en casa es una CAUSA. Actualmente estoy comenzando mi andadura como comadrona independiente acompañando en casa, combinándolo con la sanidad pública para luchar por el cambio desde dentro y la individualización de los cuidados de las mujeres. Aún estoy en proceso de des-aprendizaje de la residencia y de-construyendo la comadrona que quiero ser. Como siempre sigo actualizándome y formándome lo máximo posible, pero sin duda de quien más aprendo es de las mujeres; ellas son la mayor fuente de sabiduría de esta profesión que ha sido una vocación inesperada en mi vida, pero que siento como el más bello trabajo que hubiera podido imaginar.

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