Archivos Mensuales: enero 2016

Donde acabo yo y comienzas tú

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Me dice una compañera del trabajo que qué cercana soy con las mujeres. Que me implico mucho. Yo le respondo que es así cómo me trataron a mí mis matronas, lo mucho me gustó que me trataran así y cómo intento hacer lo mismo yo con las mujeres que acompaño. De todas formas, es la única manera que conozco de ser matrona, en el sentido en el que yo entiendo la palabra. También es la única manera que tuve de ser actriz, bailarina, acróbata, cantante, enfermera… la única manera que yo conozco de ser persona.

Entiendo que formamos parte de una misma cosa, de un mismo ente, en el cual la forma en la que yo te trate a ti es la forma en la que yo me trato a mí misma.

En la mayoría de partos en los que estoy llega un momento mágico. Un momento, normalmente en el expulsivo, en el que no importa los puntos en común que tenga o deje de tener con esa mujer, nos miramos a los ojos y  nos zambullimos en los ojos de la otra, buceando en nuestras almas, o así es cómo yo lo siento. En ese momento, yo le digo con mis ojos, “confía en mí, porque te trataré como si fuera yo misma” y ella me responde “confío en ti”. Nos encontramos en un punto en común donde acabo yo y empieza ella, ese punto en el que nos sentimos parte de la la misma cosa.

Resulta inevitable que empatice más con unas mujeres que con otras. A pesar de la visión espiritual y mística que tengo de la vida, y que tiñe por supuesto mi visión de la matronería, soy humana, estoy hecha de materia.

Pero siempre, siempre, hago el esfuerzo por no dejarme llevar por las apariencias y lo que me han dicho de esa persona, ni siquiera por sus reacciones pues seguro que son fruto del momento que está viviendo ahora e intento ser lo más leal a mí misma y a mi “yo matrona”. Y siempre, siempre, busco en sus ojos ese punto en común en el que ella y yo somos la misma persona, somos un todo, somos una con todas las mujeres pariendo.