Archivos Mensuales: noviembre 2015

Deshinchando el ego: no, no es mérito mío

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Hace días que vengo pensando en escribir una entrada sobre este tema y hoy por fin he sentido empujón final: me han felicitado por mi trabajo.

Llevo casi 2 semanas rotando como residente de matrona en la planta de puerperio.

En mi hospital, es una planta en la que no hay matronas en plantilla, sólo hay residentes rotando (y cuando hay). El caso es que yo estoy encantada de rotar por esta planta por varias razones; una de ellas es porque fue en una unidad similar donde me puse una bata blanca por primera vez, con el mismo tipo de usuarias, de eso hace ya más de seis años pero siempre han sido mis “clientes” preferidos: la díada bebé-madre.

Cada día me asombra, me sorprende, me maravilla la capacidad de supervivencia, aprendizaje y adaptación de los bebés y el acto de generosidad ilimitado de las madres.

Otra de las razones es que me organizo el trabajo como me da la gana, siento que domino el tema y que puedo rebatir las (lamentablemente, muchas) malas informaciones que les dan a las madres.

Sería muy fácil para mí caer en la trampa del ego y decir que soy la súper residente de matrona experta en lactancia y que gracias a mí se “han salvado” muchas lactancias de la planta estas dos semanas.

De hecho, reconozco que caigo continuamente en esa trampa, como esta mañana, cuando la pediatra me ha felicitado diciendo que había aumentado significativamente la estadística de lactancia materna exclusiva exitosa, con alta confianza para ello por parte de las madres y recién nacidos en muy buen estado.

Pero, aunque durante unos minutos, he saboreado esas mieles, las mieles del ego, ya conozco esa sensación y ello me ha empujado a escribir lo que ahora estás leyendo.

Yo, como todo el mundo que una madre se encuentre tanto en paritorio, como en planta, no somos más que herramientas del destino para que ella las utilice y decida a quien escuchar, si a la enfermera de nido que le dice que por tener cesárea no va a tener leche, o a la residente de matrona que le dice pégate a tu bebé, pégatelo, huélelo y escucha a tu instinto.

¿Quién enseñó a ser madre a la primera madre? ¿Quién le enseñó a parir, a lactar? Escucha esa voz dentro de ti y sabrás qué hacer.  Si se te quiebra la confianza, yo estaré aquí para recordarte que tú puedes, nada más, si encuentras alguna pequeña dificultad yo intentaré intervenir lo menos posible para que recuerdes lo poderosa que eres para superarla.

Porque una vez más, la que yo llamo “ley de no intervención” me enseña que cuanto menos hago, mejor. Cuanto menos “dedo” y “mano” meto en esa teta, en esa boca, en esa unión, mejor. Y reconozco que lo hago mucho más de lo que querría. Entonces, me veo desde fuera, me voy retirando y me doy cuenta de lo bien que funciona todo sin mí. Y es maravilloso que así sea.

Tengo el whatasapp lleno de mensajes de madres agradecidas, de fotos de agarres, de vídeos de bebés lactando. Pero no soy yo. Son ellas las que obran el milagro de ese vínculo único que es la lactancia.

No, no es mérito mío.

Ni de ningún “catedrático en lactacia” que viniera a la planta. Porque de lo que habla esta entrada, de ego, en el mundo sanitario hay mucho, muchísimo, demasiado, te lo aseguro.

El mérito es vuestro, madres. Sois de quienes más aprendo, de vosotras y de vuestros bebés.

Porque como siempre les digo, si quieres lactar, ya tienes el 99% del camino hecho.

Yo, sólo estaré ahí no porque me necesites, sino para recordarte que tú puedes.

El mérito es sólo vuestro, para todo, para gestar, parir, lactar, criar.

Vosotras sois mis verdaderas maestras.

Vosotras sois a quienes doy una y mil veces más las gracias.

Teta PS

 

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