Archivos Mensuales: abril 2015

Cómo me saqué el EIR de matrona

Estándar

Estoy escribiendo artículos sobre cómo conseguí mi sueño, como el que estás leyendo ahora y éste otro, no con el afán de publicar un libro de autoayuda, sino para servir como humilde fuente de inspiración a esas personas que no se atreven, que creen que no se merecen lo que sueñan…

Eso, eso que tanto deseas, eso, sí, te lo mereces, eres merecedora y digna de ello, tendrás que trabajar, pero si estás realmente segura de que eso es lo que quieres,no te importará y no cejarás en tu empeño.

Y lo primero, antes de seguir con esta historia es la confianza en ti. Si tú no confías en ti, nadie lo hará. Para que veas el poder de ese confianza, yo estoy escribiendo este artículo el día 29 de enero de 2015, es decir dos días antes de presentarme al EIR. No tenía ni idea de cómo sería el examen, cómo estaría de nerviosa ni la nota que sacaría yo ni la de los demás. Pero tal era mi convicción de que lo iba a conseguir, que ese día me puse a escribir esto, con total seguridad de que lo publicaría en un par de semanas.

Todo empezó, como cuento también en otro artículo cuando una actriz de teatro (yo), una apasionada de la vida, se queda embarazada por primera vez.

Más tarde que temprano tuve que parar mi frenética actividad teatral y empecé a leer cosas del embarazo. Es decir, corrijo: estas lecturas siempre estuvieron presentes, no desde el minuto cero, sino más bien desde el momento menos diez, unos 5 años atrás, en el que mi instinto maternal ruge a gritos en mi interior con la lectura de “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente” de Casilda Rodrigáñez y Ana Cachafeiro. Poco imaginaba yo lo que ese libro iba a significar en mi vida. Estaba entonces en Granada, rodeada de una linda tribu de mujeres donde escuché mencionar la primera vez la palabra doula…

Así que, volviendo al momento de mi primer embarazo, empecé pidiendo a mujeres de esa tribu y de tribus nuevas que hallé en mi camino libros de Odent, de Ina May Gaskins… Y confirmé lo que ya sabía, que quería parir en casa, y a medida que avanzaba el embarazo, menos miraba cosas de teatro y más me metía en blogs de matronas… Y di a luz y esa pasión no pasaba… Cada vez me metía menos en foros teatrales, me interesaba menos por los castings y me embebía más  las Midwifery Today o blogs como Mimos y Teta.

Hasta que un día solté la bomba a mi pareja. Quiero ser matrona, sí, sí, matrona, ya soy asesora de lactancia, sí, ya tengo claro que me quiero formar más como doula, pero es que yo quiero ser matrona. Me parecía el mejor lugar para proteger ese espacio sagrado que es el nacimiento de un ser, el florecer de una mujer. Tuve la suerte de contar con un gran apoyo desde el principio. Vamos a por ello. Y a por ello fuimos. También fue vital una llamada a una de mis matronas, Olga Soldado, de la que se me quedaron grabadas sus palabras: “Los años pasan rápido, Mely. Si está para ti, estarás ahí, aguantarás cosas que nunca pensaste y te verás haciendo cosas que nunca imaginaste…”

Y así fue. Tal cual. Con el añadido de otro embarazo, puerperio y lactancia por medio. Y si el primer parto fue el empoderamiento, este fue el requete-empoderamiento: un parto de poco más de 1 hora que podría perfectamente haber transcurrido con la única (y valiosa) compañía de mi pareja.

Tal y como dijo Olga, los años pasaron y me gradué. Y ahora tocaba el paso final, el escalón más alto y arduo: superar el EIR y conseguir un puesto que me diera acceso a una plaza de residente de matrona.

Después de darle muchas vueltas, de pedir apuntes, de apuntarme en una academia, de quitarme horas de sueño y de moral por los suelos…

Decidí tomarme el estudio del EIR como un embarazo y el examen como un parto (inspirada por las sabias palabras de mi amiga Carol).

El examen me tenía que encontrar con el mejor estado de salud posible. Decidí cambiar ritmos, dormir bien, estudiar mucho pero sin enfermar, planear “mi parto” deseado, formular el deseo al universo, currármelo y… estar abierta a lo que el universo decida que es mejor para mí (que muchas veces no nos parece lo mejor en ese momento).

Igual que planeas con cuidado, al detalle y con conciencia tu parto en casa, pero estás abierta a la posibilidad de ir al hospital.

Tú lo has preparado todo con exquisitez. Pero los imprevistos son incontrolables. Y nada se puede controlar al 100% en esta vida.

Pero de momento tú mantén la mirada firme en tu propósito, en tu objetivo, en tu deseo y no te desvíes del camino que te lleva a él.

Y así fue, como cambiando mi método de estudio, disfrutándolo (igual que un embarazo), sabiendo que tenía un fin, bailando los temas, cantándolos (como me inspiró también mi querida lechuza Yolanda) todo pasó tal cual lo planeé.

Y así fue, como el día del examen, no luché contra las contracciones, contra las ráfagas, contra las preguntas, sino que dancé con ellas y supe ver cuál era la respuesta.

Y así fue, como, un 31 de enero del 2015, una actriz de teatro, madre, bloguera, y ante todo, apasionada y sensible con lo que quiera que haga… Se convirtió en residente de matrona…

Eres merecedora de tener lo que sueñas. Confía en ti y en tu trabajo. Cree en tu sueño. Y créalo.

Elección plazas

Anuncios

Valor, Cerebro, Corazón

Estándar

Ella iba a emprender una nueva etapa de ese largo y rico viaje que llamamos vida. Ante sus incertidumbres, decidió visitar al Gran Espíritu Femenino (llamado por otr@s Mago de Oz; cada cual vaya a visitar a quien quiera).

Sabía de las 3 herramientas principales para hacer frente al viaje, y quería cerciorase de tenerlas junto a ella.

-Gran Espíritu Femenino, he venido hasta aquí para pedirte Valor, Cerebro y Corazón.

-Bueno, vayamos por partes (el Gran Espíritu Femenino es muy conocido por la agudeza de sus sentidos, sobre todo el sentido práctico y el sentido del humor). El Valor ya lo tienes, si no no te hubieras embarcado en este periplo ni tenido la constancia de llegar hasta donde estás ahora. El Cerebro… Bueno, es otro tema. A pesar de que much@s alaben tu inteligencia, es paradójico que sea de estos 3, tu mayor punto flaco. Tienes un gran ímpetu, pero no debes dejar que tu fuerza te ciegue. Mide tus pasos, sitúate donde quieras estar pero también donde debas y puedas estar para que el suelo no se hunda bajo tus pies, ya que si eso ocurre, tu tarea al lado de las mujeres habrá acabado. Tienes Cerebro, no hay duda, pero no dejes que la voz de tu Pasión lo acalle tan a menudo. Escúchalo y encuentra el equilibrio. Sobre el Corazón… Ahí no tengo mucho que aconsejarte. Tienes un enorme Corazón y lo sabes. Aún me pregunto cómo se me ocurrió poner un Corazón tan grande en un cuerpo tan pequeño… Sé que tus latidos resuenan en cada uno de tus pasos, que eso te duele a veces, que no soportas que el mundo gire en sentido contrario, que te sientes distinta y extraña. Pero sabes que ha de ser así. Que tú has de estar ahí. Cuando te sientas más acorralada por la fieras de este Circo Romano, conecta con ese latido, conecta con el de las mujeres por las que estás ahí, y verás que todo es más fácil. Tu Corazón, que a veces has sentido como inconveniente para alcanzar tus propósitos en este materialista mundo, será entonces tu gran aliado.

-Bufff… Gran Espíritu, la que me acabas de echar encima hija. No te digo yo que me venga de nuevas, son cosas que una se va oliendo, a medida que va conociéndose a una misma… Pero oírlo todo así seguido del tirón… Pues no te voy a decir que no impresione.

-Vamos a ver, mujer, ¡venga ya! Que te he estado mandando pruebas de resistencia toda la vida y las has superado. Anda, vete ya de Oz que te van a echar de menos por allá.

-Espera, espera, una cosa más… Es que me he mudado tanto que no sé dónde está mi casa. Me tienes confundida. ¿Dónde refugiarme cuándo las cosas se pongan chungas?

-Eso es fácil. Este camino estará lleno de sombras, no lo dudo, y estás en lo cierto. Pero tú sabes que tienes una gran capa de luz bajo la que proteger tu Corazón del “lado Oscuro”. Úsala para mantenerte a salvo y estarás en casa. Tu hogar será dónde tu Corazón lata libre. ¿Algo más?

-No, eso es todo. Muchas gracias una vez más por acudir siempre a mi llamada.

Así que cogió su capa luminosa, se puso los chapines colorados y se metió en el bosque de espinos que la llevaría a su propósito, a sabiendas de que podría ser a ratos bastante oscuro, pero con la certeza de que su Valor, Cerebro y Corazón no la abandonarían y de que tenía el beneplácito del Gran Espíritu Femenino.

valor cerebro corazón