Archivos Mensuales: marzo 2015

Miedo a la libertad

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Tener miedo a la libertad en una sociedad cuyo sistema educativo no te deja elegir, sino que te enseña a obedecer, es algo de lo más corriente.

Por eso me fastidia tanto que cuando alguien, armad@ de un valor que le es incluso extraño, se atreve a preguntar o a cuestionar algo, se eleven cientos de voces a su alrededor diciendo que “es cosa de expert@s”.

Esto se eleva a la enésima potencia cuando se trata de temas de “nuestra salud”. Y lo entrecomillo porque parece que es de todo menos nuestra y de todo menos salud. Comenzando por nuestra manera de nacer que, no es que ya no la elijamos, es que muchas veces no la elige ni nuestra madre, acorralada como está por miedos (los propios y, por si fuera poco, los ajenos, que son muy contagiosos) y siguiendo por el etiquetado, encasillamiento y tratamiento “en rebaño” que se suele dar a cualquier estado de desequilibrio en la medicina alopática.

Las pocas personas que nos atrevemos a cuestionarlo o a dar opciones a quien pregunta que se desvían de ese tratamiento protocolario despersonalizado la mayoría de las veces somos, bien señaladas o bien aisladas, y/o tratadas como locas o “alternativas”. “Tú es que eres muy alternativa”

Y yo no es que sea muy alternativa, es que cada vez creo menos en lo grande y lo generalizado y cada vez más en lo pequeño, en lo individual, me adhiero menos a colectivos y me voy de más sitios, “foros” o grupos pues intento ser coherente conmigo misma. Y me cuestiono TODO.

Tenemos miedo a la libertad, me incluyo, no creáis que yo no la tengo.

Así que en este momento en el que me siento especialmente libre, que estoy “soltando lastres” y cosas que no me aportan y me distraen de lo realmente importante, antes de entrar en un sistema que quizás me coarte a la fuerza o en el que yo me autocensure quiero decir una vez más: el miedo a la libertad está dentro de ti, tú mism@ eres responsable de él. Y capaz de deshacerte de él.

No es nada fácil en un mundo de autoridades incuestionables. Cuestiónalo todo. Contrástalo todo, esto que estoy escribiendo también. Escúchate más a ti y menos a los demás y haz lo que más te resuene por dentro.

Quedándote cerca de ti mism@, sin huir y esperar la validación o aprobación de otr@s, paradójicamente hallarás la auténtica libertad.

Recuerdo hace años, cuando hacía teatro, un gran amigo que me estaba dirigiendo un monólogo y yo tuvimos una discusión sobre cuál era la mejor manera de mostrar el mensaje al público, si la que él decía o la mía. “Pero, es que, ¿tú crees que lo van a entender?”, le pregunté yo. Su respuesta fue muy esclarecedora y aún la recuerdo casi textualmente: “No menosprecies al público. El público es quien te paga y es más inteligente de lo que muchos directores creen. Al contrario que otros directores, que prefieren “llevar de la manita” a sus espectadores al significado explícito del mensaje, yo muestro el mensaje tal cual y dejo que ell@s saquen sus conclusiones”.

(Cámbiese público en este diálogo por usuario de un sistema público, el que sea)

Esta conversación resuena hoy dentro mía con mucha fuerza, y eso que estoy a punto de envestirme con una de esas túnicas de “poder incuestionable”. Qué contradicción.

Pero no quiero ese poder, no quiero una “libertad” que no sea la mía. Siempre digo que la libertad, la autonomía va ligada inseparablemente a la responsabilidad.

Porque antes de ser figura de ese poder, he sido figura sometida. Por eso me quedo con mi parte de “persona libre” y no de “personal de”.

Toma las riendas de tu vida. Responsabilízate de todos tus actos y y elecciones y tu miedo será sólo un eco lejano comparado con la satisfacción de sentirte libre.

miedo a la libertad

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