Archivos Mensuales: agosto 2014

Hija, tu santo coño es tuyo

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Así se podría resumir toda o casi toda la sabiduría que les quiero transmitir a mis hijas.

Y cuando digo coño, digo útero, vulva, vagina, clítoris.

Y lo hago extensible a todo el cuerpo.

Hija, tu santo cuerpo es tuyo. No dejes que nadie te lo toque si tú no quieres.

Pero hoy en esta entrada me ha salido coño.

Igual es porque estoy cabreadísima, vamos, que estoy hasta mi santo coño que quien quiera pueda meter lo que sea en el santo coño de quien no quiere y salga impune.

Estoy orgullosísima y contentísima de tener dos hijas.

También estoy espeluznadísima y aterroradísima de que encuentren con una socieda así.

Que no condena, sino que justifica.

De personas que miran para otro lado hasta que les toque a ellas.

Mujeres, cuando violan a una mujer nos están violando a todas, están profanando lo más sagrado de la naturaleza femenina, nuestros templos, nuestra esencia, entran y saquean y además se jactan de ello.

Cuando violan a una mujer, te violan a ti y a tus hijas, me violan a mí y a las mías.

Y si tenéis hijos (gracias Daida por recordármelo) os ruego que les trasmitáis también esta sabiduría:

– Hijo, su santo coño es de ella. Su cuerpo es de ella.
Hombres, cuando violan a una mujer están profanando el templo sagrado que te albergó y te da la vida, profanan también lo más sagrado de tu esencia y origen.  Mancillan lo más preciado de la naturaleza masculina.

Cuando violan a una mujer, violan a  tu madre, a tus hermanas, a tus hijas.

Si nos quedamos callad@s, estamos permitiendo, justificando y perpertuando.

Ante cualquier acoso, cualquier roce, cualquier invasión de nuestro espacio físico, de nuestro cuerpo, no nos quedemos callad@s, tanto si el cuerpo es nuestro como ajeno.

No lo permitamos. Porque si lo hacemos somos cómplices.

Por eso hoy más que otros días, miro a los ojos a mis hijas y me sale del corazón decirles con más fuerza que nunca:

-Hija, tu santo coño es tuyo.

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Caminar sin pensar que me caigo

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Hoy alguien me dijo que yo desbordaba vida por los cuatro costados.
Otra amiga me dijo hace poco que yo soy “high energy”.
Y hay bastantes personas que me definen como “la alegría de la huerta” o como “el cascabel de la casa”.
Tengo que decir que esta actitud mía es producto del trabajo personal, pues parece que teniendo este carácter, nada me afecta, que yo tengo suerte en la vida (ya hablé en otro post de esto) o que vivo en los mundos de Yupi viendo la vida de color rosa. O que no soy realista.
Pues no, yo tropiezo igual que tod@s, me caigo igual que tod@s pero quizás hay una diferencia entre mi actitud y la de otras personas: yo me sacudo el polvo, me recompongo y me levanto. Y o bien sigo el camino o tomo otro rumbo.
A veces noto cierto desdén o incluso cierta sorna hacia mi manera de ver el mundo. Porque puedo ser feliz y optimista, pero tonta no soy (otra cosa es, como digo siempre, que me lo haga). Incluso estas reacciones pueden esconder buenas intenciones, de protección, de evitar que no cometa los mismos errores que yo qué sé quién (ell@s mism@s u otras personas). Que si son ell@s mism@s aún lo entiendo un poco, pero si son otras personas… es que ahí ya me pierdo, que quieran protegerme o advertirme de algo que ell@s mism@s no han vivido.
Y esto lo he notado bastantes veces en mi vida, una de ellas, bastante evidente fue cuando planeé mi primer parto en casa. Que si por qué no me esperaba al segundo, que si era peligroso, que si siendo yo primeriza, blablabla… Y ahora lo noto con mi optimismo hacia aprobar el EIR y conseguir una plaza de matrona. ¿Es que creen que no comparo números de solicitudes y número de plazas? Que si yo lo intenté tropecientos años, que si es dificilísimo por no decir imposible, que si te vas a perder la infancia de tus hijas por estudiar (hasta eso me han dicho)…
Dejadme en paz, que sueñe, que trabaje, que imagine, es lo que tengo que hacer ahora.
No voy a ponerme a caminar pensando que me caigo.
No voy a vivir pensando que me voy a morir.
Porque la vida y la muerte son dos caras de una misma moneda y conviven muy estrechamente en ciertas ocasiones. Y quienes hemos tomado una responsabilidad tan grande como decidir parir en casa lo sabemos. Y parir en casa no es un acto irresponsable, no, incluso hasta podría llegar a decir “qué más quisiera yo”, y no, es un acto de tremenda responsabilidad.
Por eso, voy a seguir viviendo de esta manera, que tan mal no me ha ido, de hecho me ha ido muy bien, proyectando y visualizando. El precipicio del fracaso siempre está ahí. Pero no me voy a tirar a él por cuenta propia. Y si me caigo, sé muy bien que quien realmente me quiere y me aprecia estará ahí a mi lado ayudándome a levantarme.
Pero ahora que estoy de pie, íntegra y caminando, vivita y coleando…
Sigo visualizando, sigo trabajando, sigo viviendo cada día no como el último, sino como el primero. Y sobre todo sigo pensándome como la comadrona que quiero ser.
Imposible es lo que no se intenta.
Porque pensar eso sería rendirme antes de intentarlo.
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Conjuros de luna

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Conjuros de luna

Recuerdo los últimos conjuros de luna que hice. Uno fue para espantar miedos y dar cabida a la confianza. Otro fue un pacto con mujeres muy lindas en una playa preciosa, algunas de ellas, las conocía de muy poco o nada. Otro de ellos muy especial fue en el nacimiento de mi segunda hija. Y tantos y tantos de hace años bailando bajo tu luz que se quedan en mi recuerdo, con una sonrisa… Hoy tuve un sueño muy especial, y estoy segura que tuvo que ver con la entrada de esta luna de agosto tan especial, ya bajo tu influencia, Luna…

“Llevo bastante tiempo soñando que estoy en partos.Todos ellos preciosos, empoderantes, yo los veía desde un rinconcito, ocupándome de cosas varias, veía a la madre, al padre, al bebé, a la matrona. Pero esta noche ha sido diferente. Esta noche yo llevaba un uniforme azul y me decía otra chica con uniforme azul, sonriente: “Bueno, hoy ha llegado tu hora”. Justo antes de abrirme una puerta. Yo le decía: “Espera, que me recoja el pelo”. Y apenas me daba justo para recogerme una trencita de un par de vueltas. La puerta se abría y yo entraba a una estancia oscura con una mujer medio acuclillada en el suelo, pujando, respirando fuerte, emitiendo algunos sonidos. Yo la observaba desde el rincón y me enamoraba esa fuerza, esa belleza del poder de la vida abriéndose paso. Cuando la mujer bajó de la cresta de su ola y se hizo el silencio, me acerqué de puntillas y me acuclillé a su lado. Ella tenía los ojos cerrados y yo le susurraba al oído: “Hola, me llamo Mely, y voy a estar contigo en tu parto. Pídeme lo que quieras porque sólo voy a hacer lo que tú me pidas.” Y es que esta noche ha sido difertente, esta noche yo no era la doula como otras noches, esta noche yo era la comadrona en mi primer parto como residente…”

Hoy te quiero lanzar un nuevo conjuro, Luna que tanto me has visto, a quien mi gran amiga-alma gemela-hermana de vida enseñó a ver la carita y saber si estabas triste o alegre ese día…

Luna, lunita, lunera, lunaza que brillas hoy

en perigeo, tan cerca de mi cabeza.

Luna que has velado mis sueños de niña,

de poeta, de adolescente,

de enamorada, de actriz,

de acróbata, de payasa,

de madre, de comadre.

Hoy te pido una vez más

tu luz mágica sobre mis deseos,

acunando mis sueños.

Hoy tú eres la diosa de muchas mujeres

que te piden traer a su primer hijo a sus brazos,

que sueñan con esa primera contracción

que les acercará a su unión.

Hoy te pido el deseo de estar presente

en algunos de esos mágicos momentos.

Te pido ese regalo para mi vida.

 

En determinados momentos de mi existencia, he tenido la sensación nítidade ser un alma vieja, de haber vivido ya muchas vidas o de vivir ahora muchas vidas en una, llevada por mis pasiones. Y ahora le encuentro sentido a todo eso. Esa sensación es por este deseo de vivir el comienzo de las vidas, de hacer de ello mi profesión. Esa sensación de olor dulce y nuevo, de volver a comenzar, de bollito recién sacado del horno de madrugada. Gracias Luna por estar ahí, brillando tan alta, recordándome que siempre tengo que seguir atreviéndome a soñar. Porque una nunca podrá alcanzar su sueño si ni siquiera se permite a sí misma soñarlo.

Dulces sueños, mujeres lunáticas.

Lunaza de agosto