Archivos Mensuales: noviembre 2013

El difícil oficio de no hacer nada

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Cuando hace 4 años y medio decidí tener mi primer parto en casa y tuve la osadía de comentarlo sin tapujos ante mi familia y amigos, hube de soportar diversas miradas y comentarios. Es cierto que tenía la opción de no decir nada (conozco mucha gente que lo hace, demasiada presión pasamos muchas mujeres en nuestro embarazo como para encima ponernos esa presión “popular” encima), y yo lo entiendo, pero también es cierto que me gusta reivindicar y visibilizar mis actos “revolucionarios”, como ahora en mi maternidad (que ya verás tú, lo revolucionario que resulta ser parir y criar como se ha venido haciendo durante casi toda la vida). Pero bueno, una es así, aunque ha aprendido a elegir sus batallas, en estas ocasiones luzco mi bandera partoactivista o lactivista.

Muchas personas que me quieren “bienintencionadamente” me intentaban convencer para no parir mi primera hija en casa, para esperarme “aunque se al segundo parto, mujer, que tú no sabes lo que es eso”. Yo, que estaba plenamente convencida de mi elección y siempre tuve el apoyo de mi pareja agradecía el consejo y negaba con la cabeza mientras pensaba: “Sí, claro, lo mejor es tener un primer parto en el hospital para jugar a la lotería de la matrona buena o la matrona chunga y si te toca la chunga que te corten, te insulten, te vejen y luego buscar un segundo parto de redención en casa para sanar mi herida emocional y física”. Os lo digo así, sin tapujos, porque es lo que pensaba. Y siento si a alguien le molesta, estoy siendo sincera con mis sentimientos en aquel momento.

Tras el éxito del parto en casa de una primeriza (cosa que llamó mucha la atención), lo siguiente que me preguntaron fue que qué hicieron mis matronas en mi parto. “Nada”, dije. Allí  ya se armó la grande. El parto en casa en España no está cubierto por la seguridad social y muchas personas no podían creer que yo hubiera pagado a alguien para que no hiciera “Nada”.

Pero es que eso es exactamente lo que tenían que hacer.

La ciencia y la naturaleza nos muestran cada vez más claramente la evidencia de que el proceso fisiológico de parto evoluciona mejor cuanto menos es molestado.

Es más, se ha intervenido en el parto bajo la excusa de que era necesario, cuando resulta ser al revés. Es decir, no es que pasen cosas y por eso se interviene, es que pasan más cosas cuanto más se interviene. Cada vez que se cambia un límite protocolario (se bajan los niveles de bradicardia fetal, se aumenta el tiempo permitido para expulsivo…) o se adecúan actitudes (estar expectante con estreptococo desconocido, hacer piel con piel tras cesáreas…) me convenzo más de esta afirmación que escuché a una matrona muy experimentada y muy querida por mí.

Mucha gente me dice también que fui afortunada tuve en mi parto en casa, que  yo tuve la “suerte” de que todo saliera bien. Yo agradezco cada día al universo por mis dos magníficos partos y  mis dos sanísimas hijas, pero a la vez estoy segura de que esta “suerte” es en parte producto del trabajo personal que llevo realizando durante toda mi vida (y que aún continúa y continuará) y de que precisamente mi parto fuera en casa y se tomaran como “normales” cosas que en un hospital podrían no serlo.

Así que agradezco por enésima vez a mis matronas por poner en práctica el dífícil oficio de no hacer nada y escuchar mis tiempos y los de mis bebés como las grandes profesionales y personas que son. Les pagaría infinitas veces por ello.

Porque no hacer nada es confiar en la fuerza del maravilloso milagro de la vida.

No hacer nada es permitir que este milagro, por si mismo, suceda.

Ojalá los partos estén cada vez menos determinados por las gráficas de unos monitores y más por la fuerza de las mujeres.

Sabemos parir, si se nos deja

Sabemos parir, si se nos deja

La evidencia de lo instintivo

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La semana pasada estuve en las Jornadas Nacimiento y Salud en las que tuve la oportunidad de escuchar a profesionales muy interesantes. Vaya por delante que la mayoría de asistentes a las jornadas éramos madres y doulas, cosa que no acabo de entender: el título completo de las jornadas era “El nacimiento y la salud perinatal en el contexto científico del 2013″… Si fuérais un profesional de la salud en ese ámbito… ¿no os interesarían? En fin, hay cosas que creo que no estoy capacitada para comprender… Tengo que decir que también había un buen número de matronas. Los dos únicos obstetras presentes eran a su vez ponentes, así que no tengo mucho más que añadir al respecto. Uno de los obstetras era Michel Odent a quien ya he tenido la suerte de escuchar en varias ocasiones. Siempre es sorprendente cómo nos habla de lo olvidada que tenemos la fisiología. Si nos remitiéramos a ella en nuestra práctica, ésta sería muy distinta.

doulas+odent

¿Cómo hemos llegado a olvidar lo que somos en esencia? ¿Qué industria y conspiración enorme hay detrás de todo esto?

Michel Odent no fue el único que habló de esta tema. En realidad el tema más hablado de las jornadas fue el mundo microbiótico propio de nuestro entorno familiar. Y cómo se nos acerca a un mundo microbiótico extraño desde nuestro nacimiento, para luego vendernos cómo contrarrestar este efecto. Realmente esto daría para otro post: la medicalización de la vida desde el mismo nacimiento, pero quería mencionarlo también en éste. Como decía, también hablaron sobre la represión del instinto y el posterior reconocimiento de la “validez” de los mismos tras experimentación científica Sergio Sánchez, Toni Brito e Inma Marcos, una comadrona como muchas quieren ser pero pocas se atreven…

inma marcos

Total que los estudios científicos (esta ciencia nuestra que todo lo sabe y todo lo dicta, por encima de nuestro médico interno o nuestro perdido instinto) nos dice que:

  • Es bueno coger en brazos al bebé.
  • Es bueno que tú, su madre, seas la primera que lo toque.
  • Es bueno que se ponga al bebé encima de la piel de su madre.
  • Es bueno dar la teta hasta que  se quiera.
  • Es bueno dejar a la mujer de parto EN PAZ!!!

Y muchas otras cosas más…

Llegadas a este punto, yo  me pregunto: ¿Realmente nos hace falta que nos digan estas cosas para hacerlas o para saberlas ya si nos escuchamos desde el corazón?

Yo cojo a mis hijas porque las quiero, las toqué al nacer porque así me salió del alma, yo misma me las puse encima, doy teta hasta cuando quiero y visualizaba y deseaba esa  PAZ en mi parto.

Lo que quiero decir es que en realidad, si sabemos sentirnos, no nos hace falta ninguna evidencia científica para hacer lo que es bueno para nosotras.

Hace poco tiempo leí un estudio que alababa los beneficios del uso del contacto por parte del personal de enfermería con los usuarios del sistema sanitario. Se hicieron estudios y experimentos al respecto y llegaron a esa “sorprendente” conclusión. Desde que empecé mis prácticas de enfermería a los usuarios (lo siento pero no me gusta demasiado llamarles pacientes) les cogía la mano, les ponía mi mano en su hombro, porque es lo que me salía de dentro. Ni tenía constancia de este estudio ni entiendo por qué se ha gastado dinero en hacerlo.

Qué lejos nos hemos quedado de nosotras mismas…

Así que ahí estamos… Hablando de estrategias de parto fisiológico o humanizado, porque parece ser que tienen que recordar al personal que parir es fisiológico, o peor aún, que son humanos….

Qué duro, qué triste…

Quiero acabar este post con dos citas, que me gustaron mucho. Merece la pena investigar más sobre sus autores:

“¿Qué tal si en la atención al parto la regla nº 1 fuera: Sé amable?”
Ina May Gaskins. Partera espiritual, independiente y visionaria.

“La ciencia normal suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan necesariamente subversivas para sus compromisos básicos” La estrucutura de las revoluciones científicas. Thomas S. Kuhn. Hace ya tiempo que hablan de los necesarios cambios de paradigma. Me siento orgullosa de estar no sólo presenciando, sino participando en ello. Gracias José Santiago González Campos por descubrirme esta lectura.

¿Por qué llevo flores en el pelo?

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Llevo flores en el pelo para sacar una sonrisa a quien me mira.

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Llevo flores en el pelo para teñir de colores el gris de la ciudad, del humo, de la desidia, de algunas miradas.

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Llevo flores en el pelo para mostrar que las cosas más bellas son muchas veces las más sencillas.

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Llevo flores en el pelo en homenaje a una generación a la que no pertenezco, pero que luchó por muchas cosas que disfrutamos ahora. Y que era idealista, como yo. Y que era soñadora como yo. Porque los sueños los crea una con sus ideas y su trabajo.

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Llevo flores en el pelo aunque sea echarles margaritas a los cerdos. Porque quizás los cerdos empiecen a aprender de las margaritas, en lugar de devorarlas.

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Llevo flores en el pelo para intentar ser como ellas, humildes apenas elevándose medio metro del suelo, a la par que hermosas.

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Llevo flores en el pelo para que de mi cabeza sólo broten pensamientos buenos  y fragantes…

…Por eso llevo flores en el pelo…

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