Archivos Mensuales: septiembre 2012

Mi mamá me mima, mimo a mi mamá…

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Así empecé yo a leer… Bueno, yo y creo que la mayoría de mi generación…

Esas palabras quedarán imborrables en mi memoria, me encantaba esa frase y el sonido de las “emes”, además decía algo tan bonito…

Pero…

La cosa es que… llegados a mayores todo cambia.

Si eres una niña mimada no sabes hacer nada.

Si eres una mimosa eres una pegajosa pesada.

Si mimas a tu hijo… entonces estás perdida. Te han ganado la batalla, sucumbiste a la tiranía de tu hijo/-a.

Repasemos un poco de historia, sólo un poco.

Cuando vivíamos en plena naturaleza y aún éramos nómadas, los  bebés llevados en brazos, “mimados” eran los que tenían menos posibilidades de que se los comiera una fiera, o de coger una infección, o de morir por hipotermia o golpe de calor. Ante esto, como mecanismo de supervivencia aprendimos a llorar, porque eso significaba, que nos cogían, nos “mimaban” y seguro que nos daban más teta. Lo que es igual a más supervivencia. Con lo cual, de entrada ya los bebés “más llorones” son los descendientes más puros de los supervivientes.

Hagamos un salto temporal y pasemos a Esparta, grandes y crueles guerreros, sí, pero también grandes estrategas y famosos por su fortaleza… Pues bien, en esta civilización, los niños eran propiedad del estado, no de su familia. Algo horrible para nosotros hoy en día, claro está. Pero… esto sólo se hacía efectivo a partir de los 7 años. Antes, incluso los espartanos tenían claro que para que un guerrero fuera “fuerte” (psicológica y fisiológicamente, no autómata ni sumiso) necesitaba: el cariño, mimos y alimentación que solo una madre puede dar… Porque sí, la edad del destete en Esparta (la edad biológicamente más equiparable, si nos comparamos con nuestros “parientes” primates) eran los 7 años (coincidiendo también con el fin de los “dientes de leche”).

Pero… perdón, me voy por las ramas, es que el tema me apasiona tanto…

Sigamos en esta línea cronológica particular que nos hemos trazado. Ahora estamos en la Alemania pre-nazi, donde los niños eran adiestrados para dormir con un método conductista que inventó un tal Ferber y dicho método consistía en… dejarlos llorar… ¿os suena eh? Desgraciadamente, a mí también… para que veáis que hay personas que no pueden dárselas de originales. Seguro que más de una tuvo el ofrecimiento de regalarle o prestarle el librito del señor del que os hablo (de cuyo nombre no quiero acordarme). Pues bien, estos niños de la Alemania pre-nazi adiestrados con la metodología Ferber, se convirtieron en mano de obra barata y sumisa, y lo que es peor, fueron los votantes de… Hitler…

Fin del paseo por la historia. Para mí es bastante.

Prefiero tener una “pequeña tirana” en casa, aunque yo me niegue a llamarla así, que una niña que no pueda sobrevivir, o que sea sumisa, autómata y no pueda decidir por sí misma.

El mundo productivo necesita madres desapegadas, alienadas y listas para volver al mercado lo antes posible, sin reparos por dejar unos hijos demasiado pequeños que la necesitan… y que aprenden pronto a ser a su vez mano de obra obediente… Así nos quieren obligar a verlo.

¿Tu hijo está enmadrado? Preferible a que esté “enguarderiado”.

¿Tu hijo está apegado? Preferible a que sea un despegado.

¿Tu hijo es un mimoso? Preferible a que sea un belicoso.

Para mí está claro.

No sé cómo van los métodos de lectoescritura empleados en colegios públicos hoy en día, pero creo que ahora que a mi hija mayor le queda poco para empezar a leer, la sentaré en mi regazo y, entre beso y beso, leeremos juntas la frase que tanto me gusta:

“Mi mamá me mima, mimo a mi mamá”

… y mi papá, también…

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