La hora de comer… o no…

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Son las 10 y Dafne e Indira ya no aguantan más en la cama. Nos levantamos y vamos al salón.

-¿Qué quieres desayunar Dafne?

-Hummm tortitas de maíz y zumo de piña.

Se toma media tortita y medio vaso de zumo. Algun@s pensarán que qué porquería de desayuno para una niña de 3 años, que debería obligarla a comer más, pero yo estoy tranquila, confío en mi hija. Mejor dicho, confío en mis hijas, ya que a Indira le acerco la tortita y sacude enérgicamente la cabeza en un no más que claro, rotundo. También confío en ella y en el seguro que más de un litro de leche que se ha jalado por la noche en sus tomas nocturnas de teta. Y recién levantada, hizo otra toma, así que más segura aún me siento de que no hay que obligarla a comer nada que no quiera comer.

Dafne me pide la tele, se la pongo. Aprovecho para hacer mi gimnasia hipopresiva, mi poquito de yoga y mis estiramientos matutinos. Yo estoy en ayunas, pero a nadie se le ocurriría obligarme a comer nada, ¿verdad? Mientras hago la gimnasia, Indira se acerca y pega unos cuantos chupetones de teta.

Termino, me pongo a desayunar y apago la tele porque hemos consensuado de forma familiar que por la mañana sólo se ven 30-45 minutos de tele. Siento a Indira en la trona y le pongo unos cuantos trozos de pan y de jamón, ahora sí que le apetecen. Al rato me pide por señas un poco de leche de arroz y se la doy. Cuando Dafne me ve sacando comida, me dice.

-Tengo hambre, mamá.

-Ah, ¿y qué te apetece?

-¡Pasta!

Miro en la nevera y veo que quedaron macarrones del almuerzo de ayer.  En 3 minutos, están calientes. Al fin y al cabo, son hidratos, igual que el pan que yo estoy a punto de comerme, ¿por qué debo obligarle a comer lo mismo que yo? A mí nadie me obligaría… ¿verdad?

Acaba el platito de 10 -12 (suficientes para mí) macarrones (“¡Riquísimos mamá!”) y se acerca a mi silla.

-¿Qué estás comiendo?

– Pan con aceite, ¿quieres?

– Bueno.

Se pega un par de bocados y se va al cuarto de juguetes a seguir jugando.

Indira también se acerca y se come otro par de bocados de pan. Se toma un poco de teta y se duerme su mini siesta matutina.

Me pongo a recoger la casa y a cocer los garbanzos que puse en remojo ayer y a las 12 más o menos viene a mi lado Dafne.

– Mamá, quiero un caramelo.

– No, Dafne, tú sabes que las chuches se comen después del almuerzo y no todos los días, acuérdate que hicimos un trato. ¿Quieres uvitas?

– Vale, sí, uvitas.

Indira se despierta y bajamos a la playa y me llevo un poco de sandía, higos y agua.

Aparece una amiga con su hijo con galletas y frutos secos. Entre los tres niñ@s se comen todo lo que hemos traído, pero no sabemos exactamente quién comió qué y en qué cantidad. La verdad, nos da igual, porque confiamos en nuestr@s hij@s, y en la capacidad de satisfacer sus propias necesidades, en la medida en la que lo demanden. Indira además se toma un par de tomas cortitas de teta.

Llegamos a casa tras disfrutar de unos baños, cerca de las 15 horas. Algun@s pensarán  que soy una madre irresponsable, que menudas horas para comer para unas niñas de 1 y 3 años, pero yo estoy tranquila. Además, Indira se ha quedado dormida en el fular y por supuesto, no la voy a despertar para comer. La acuesto y saco ensalada de garbanzos  que tengo hecha de esta mañana. Dafne come un plato que algun@s considerarían minúsculo e insuficiente, pero que yo considero bastante, como de unas 6-8 cucharadas soperas. Se lo acaba.

– ¿Puedo comerme el caramelo?

– Hummm… ¿y no prefieres un yogur de soja con chocolate?

– No, una gelatina de fresa mejor.

– De acuerdo.

Nos ponemos a ver un documental de animales y nos quedamos dormidas en el sofá.

A las 17 horas más o menos se despierta Indira, que estaba durmiendo en la cama. Le pongo un plato de ensalada de garbanzos aún más “minúsculo” que el de Dafne, como 3-4 cucharadas soperas. Se come parte con las manos, parte con el tenedor  (está aprendiendo a usarlo) y otra parte es restregada por su cara, por la trona, lanzada al suelo… De postre, teta.

A las 18 horas más o menos se despierta Dafne.

-Tengo hambre, mamá.

– ¿Qué te pongo?

– Mmmm… ¡un huevo frito!

Repaso en mi memoria: no ha comido huevo frito en una semana, al menos. No me cuesta más que un par de minutos hacérselo. ¿Por qué habría de negárselo? Se lo come con muchas ganas. La hermana llega gateando y Dafne le da un par de trozos de clara. Yo estoy sentada en frente tomándome un té con galletas. Dafne me pide una galleta. – — Cuando acabes el huevo, recuerda que has sido tú quien me lo ha pedido.

– Vaaaleee mamáaaa.

Tras acabarse el huevo, se come la galleta y yo acabo mi té y bajamos de nuevo a la playa… ¡Qué rico se está ahora, con el sol tan suave y la playita tan tranquila! Le mando un mensaje a papá (que está a punto de llegar del trabajo) y al cabo del rato llega con su toalla. Nos bañamos varias veces y las niñas se ponen hasta arriba de arena. Aprovechamos el día porque estamos súper a gusto y llegamos al anochecer, cerca de las 21 h. Mientras papá baña a las niñas yo le pregunto a Dafne que qué quiere cenar.

– ¡Fideítos!

Como suelo guardar caldo congelado en cacharros pequeños, no me cuesta nada hacérselos. Salen del baño y mientras se acaban de hacer los fideos, saco queso fresco y vamos picando toda la familia. Dafne se come un buen cuenco de fideos muy espeso, Indira un cuenco mediano pero igual de espeso. Dafne tiene más hambre, así que le ofrezco unas salchichas y se come una y media, la otra media se la come Indira. Después siguen comiendo paté con piquitos que estoy picoteando yo. La verdad es que noto que tienen ahora mismo un hambre bastante voraz, así que dejo que coman lo que quieran, ¿por qué iba a negárselo? Nadie me lo negaría a mí, ¿verdad? Ni me diría que me iba a sentar mal, como les dicen a veces a much@s niñ@s. Por supuesto, no se comen toda la lata de paté, tras 4 o 5 piquitos (Indira menos) ya están hartas, pero ni su padre ni yo las hemos presionado para que coman, ni para que dejen de comer.

Son las 22 horas e Indira se frota los ojos. Dejo a Dafne jugando con papá y me llevo a Indira a la cama, que cae rendida (teta en boca) en pocos minutos. Voy a por Dafne, lavado de dientes, pis (le acabamos de quitar el pañal de noche) y dosis desmedida de abrazos, cuentos, canciones y tocar la tetita (estamos en proceso de destete y hemos consensuado compensarla con ese placer).

Son las 22:30 y las niñas se acaban de dormir… Algun@s pensarán que somos padres irresponsables porque unas niñas tan pequeñas se vayan tan tarde a la cama (hay días que se van más tarde), pero nos da igual. Estamos de vacaciones, es verano y disfrutamos las unas de las otras, sin estrés. Cuando llegue septiembre, ya nos adaptaremos de nuevo.

Repaso mentalmente lo que hemos hecho y lo que han comido hoy mis hijas y… la verdad es que me parece muchísimo… Han comido alimentos de todos los grupos, no se han alimentado a base de chuches ni porquerías y no ha habido peleas, castigos ni perretas por causa de la comida… Por otro lado… ¿Quién dice que por la mañana hay que comer pan, que hay que almorzar a las 14 horas, que tras la siesta no se puede comer un huevo frito, que hay que vigilar lo que comen en la cena…? ¿Qué estudios científicos lo respaldan? Y sobre todo… ¿por qué, siguiendo con el adultocentrismo imperante, imponemos a l@s niñ@s costumbres alimenticias sociales o culturales, que en otro lado del mundo pueden ser distintas e incluso absurdas? Como me decía una amiga hace años, cuando mi hija menor empezó con la alimentación complementaria, l@s adul@ts nos regimos por necesidades externas, por la hora, por convenciones sociales… l@s niñ@s sin embargo aún no están contamimad@s por todo eso y se mueven por pulsiones y necesidades internas y genuinas… Sólo tenemos que confiar en ell@s.

Así funcionamos en mi familia, negociamos, consensuamos y escuchamos las necesidades auténticas del otr@… Os aseguro que, al menos para nosotr@s, la vida es más fluida, más flexible, más fácil y tod@s nos sentimos más repetad@s… Y un reloj, no pinta nada en todo esto… Sí, muy fácil, dirán algun@s, pero eso es en vacaciones y sin trabajar… Pues llevamos ya más de 3 años a este ritmo y cuando llega el trabajo, el cole o los horarios externos, volvemos a consensuar y reorganizar todo… Y tan felices, mientras todo siga siendo aderezado con la escucha y el respeto mutuo.

Siguiendo el reloj interno a la hora de nutrirse

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Acerca de deluteroatusbrazos

Soy Mely, mamá de Dafne e Indira. He comprobado por mí misma que el cuerpo de una mujer tiene el poder y la sabiduría para parir por sí misma. Este blog nace con el deseo de apoyar el embarazo consciente, la lactancia materna y la crianza en brazos con portabebés o sin ellos. Me gustaría que algún día todas las mujeres dijéramos que hemos tenido el parto que queríamos tener, es por ello que mi intención es informar y apoyar desde el rigor científico, el calor humano y el respeto. Espero que os guste este blog y aportar con él mi granito de arena para una sociedad menos violente desde un nacimiento más tranquilo y pacífico.

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  1. Mely, se puede decir más alto pero no más claro….
    Aquí otra familia irresponsable, que sale de la playa a las 9 de la noche y que dejo que mi hijo se coma el polo antes del almuerzo, porque hemos ido al super antes de hacer la comida y claro, ya llevaba aguantando las ganas desde que los vió en el carrito de la compra, pobre!!!!jaja. Sé que luego almorzará lo que le apetezca, es más, él abre la nevera y me pide lo que le apetece para picotear, además de comerse medio almuerzo mientras lo estamos preparando….jajaja.
    Besos!!!

  2. Te felicito….mi,hija tiene 4años y hasta la fecha así es nuestra rutina de comidas…no la obligo a comer….y esta sana y en excelente peso….ella lo come lo que necesita…hay días en que quiere pura ensalada con frutos secos.y adelante…el pediatra me dijo que eso estaba muy bien…así que no estamos erradas ..me encanta tu blog!

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